Composición de las vacunas contra la difteria y varicela (Ensayo)
La difteria y la varicela son dos
enfermedades que han afectado en gran medida a la población infantil, ya que
como bien se pueden presentar en cuestión de semanas, también lo pueden hacer
en casos graves en cuestión de días, pudiendo provocar hasta la muerte. La
vacuna de la difteria fue descubierta en el año de 1923, mismo año en el que se
agregó al esquema de vacunación español a diferencia de la vacuna de la
varicela, la cual se descubrió en 1974, pero debido a múltiples polémicas sobre
esta vacuna fue registrada en la cartilla de vacunación española hasta el año
de 1998.
La difteria es una enfermedad que
afecta en la mayor parte de los casos a la faringe, laringe, amígdalas y fosas
nasales, y tras un periodo de incubación de 2-4 días aparecen los primeros
síntomas (inflamación de amígdalas y faringe, fiebre y dolor). La infección se
establece si Corynebacterium diphtheriae es capaz de adherirse a las células epiteliales
del lugar de entrada y produce la toxina diftérica. Esta enfermedad se
caracteriza por la formación de una pseudomembrana que dependiendo de su
expansión y adhesión será la gravedad de la enfermedad, ya que el artículo
menciona que al estar ésta muy pequeña, se resuelve en cuestión de 7 a 10 días,
pero en caso contrario puede provocar problemas respiratorios, de la deglución
hasta llegar a la muerte.
Para la prevención de esta
enfermedad, la vacunación es importante. La vacuna de la difteria es una vacuna
sintetizada por ingeniería genética y pueden ser vacunas recombinantes o
sintéticas. Las vacunas recombinantes usan microorganismos no patógenos a los cuales
se les incorpora, mediante ingeniería genética, genes de agentes patógenos que
codifican para los antígenos que desencadenan la respuesta inmune.
Las vacunas sintéticas se sintetizan en el laboratorio mediante los antígenos
in vitro, de tal manera que facilita la producción a gran escala y la
reproducibilidad, ya no se requiere el uso de agente patógeno. Las vacunas de
antígenos purificados pueden ser de toxoides, como lo es en el caso de la
vacuna para la difteria: se obtienen de las toxinas bacterianas que intervienen
en la infección, las cuales se purifican a partir de los cultivos bacterianos y
se detoxifican por la acción del calor, el glutaraldehido o el formol. Son en
general vacunas que proporcionan una inmunidad intensa y prolongada
(aproximadamente 10 años cuando se completan todas las dosis).
Por lo tanto, la vacuna
contra la difteria es una toxina bacteriana
modificada que induce la formación de una antitoxina protectora. Inyectada no
puede producir la enfermedad pero tiene la capacidad de estimular la producción
de anticuerpos y generar inmunidad. Se administra por vía intramuscular, debe
almacenarse a una temperatura entre 2-8ºC y no está comercializada como vacuna
individual sino que está incluida en vacunas combinadas: (DTPa: toxoide
diftérico, tetánico y la vacuna acelular de B. Pertussis, Tdpa: toxoide diftérico,
tetánico y la vacuna acelular de B. Pertussis de baja carga).
La varicela es una enfermedad
infecciosa de origen viral, causado por la Varicela-Zóster. Se distribuye
mayoritariamente en edades tempranas del ser humano a nivel mundial y es
altamente contagiosa. El virus entra por
las vías respiratorias y se replica en nasofaringe y nódulos linfáticos regionales
de las vías respiratorias superiores en los 2-4 días siguientes a la infección;
posteriormente se produce una viremia a los 4-6 días post-infección. Una
segunda replicación viral se produce en los órganos internos del cuerpo (hígado
y bazo) seguida de una segunda viremia a los 14-16 días post-infección, que se
caracteriza por la difusión viral entre las células endoteliales y la
epidermis. Todo este periodo de latencia y cuadro de pródromos (malestar general,
adinofagia y febrícula) sigue con la aparición del exantema, que evoluciona a vesícula
en cuestión de horas o días. Después se forman pústulas que se rompen y forman
costras hemorrágicas, que a su vez evolucionan resecándose y desprendiéndose
pasadas entre 1 y 2 semanas desde su formación.
La vacunación para esta enfermedad
es muy importante, ya que así se previene la varicela y el herpes zóster en
edades más avanzadas. Las vacunas consisten en la administración de una
selección de antígenos microbianos o cepas microbianas vacunales, lo cual
provoca una protección como consecuencia de una respuesta inmunitaria
especifica en el individuo, generando linfocitos de memoria y anticuerpos. Estas
vacunas se clasifican como vacunas celulares, ya que son vacunas vivas
atenueadas compuestas en este caso de virus atenuados. Se obtienen a partir de virus
que han perdido su factor de virulencia como resultado de inoculaciones en
cultivos celulares, pero que conservan su capacidad antigénica al ser
microorganismos vivos. Confieren protección a largo plazo, inducen inmunidad
humoral y celular, no requieren adyuvantes y son más reactogénicas que las
inactivadas.

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